Aunque a priori parezca una turistada, este
pueblo fantasma nos cautivó al instante. Y creo que la razón principal es que
nos lo pasamos genial recorriendo Calico. Todo está cuidado con sumo detalle y
hay multitud de rincones graciosos capaces de arrancar una sonrisa a toda la
familia.
Además los niños disfrutarán mientras aprenden
como vivían los buscadores de metales preciosos en el siglo XIX.