1.9.15

Una noche de auroras boreales en Islandia.

Era nuestra última noche en Islandia, el viaje llegaba a su fin mientras una gran pena inundaba nuestro corazón. 

Paseábamos por Reykjavík cabizbajos, recordando todo lo que habíamos vividos durante esos 10 días, cuando dos españoles que estaban de Erasmus nos pararon para hablar con nosotros un rato. -"Hola, de donde sois, que tal el viaje".... -"y vosotros que hacéis aquí.....anda de Erasmus que interesante" ..... -"pues esta noche hay probabilidad alta de ver auroras"    !!!Queeee!!!!! 

A veces creo que no fue casualidad encontrarnos con ellos y que nos avisaran. A veces creo que la diosa fortuna se cruzó en nuestro camino, o que Islandia se dio cuenta de lo mucho que nos había gustado y del amor incondicional que le tenemos, que quiso regalarnos una noche de auroras boreales. 



Nos fuimos al hotel y consultamos la página de predicción de auroras “Aurora Forecast”  la cual confirmaba lo que nuestros compatriotas nos habían anunciado (hay que tener en cuenta que hace 6 años no había aplicaciones para el móvil que avisaran de este fenómeno).  

En cuanto empezó a anochecer nos asomamos a la ventana y vimos como el cielo se volvía verdoso y ese haz de luz cambiaba de forma. Siiiiii, eran auroras boreales!!!!!!!




Nos pusimos a saltar y a gritar de la emoción, los tres, hasta Diego aunque él no sabía lo que realmente estaba pasando. Nunca me ha tocado la lotería, pero creo que mi reacción sería la misma. 

Nerviosos, bajamos corriendo a por el coche y al atravesar el hall del hotel vimos a unos cuantos turistas abrigados hasta las cejas, con la cámara fotográfica en la mano y con una amplia sonrisa en la cara...."A estos también les ha tocado la lotería" pensé.  


Como todo fue tan rápido no elegimos bien el lugar donde poder sacar unas instantáneas espectaculares. Estábamos tan impacientes por abandonar la ciudad que fuimos por la primera carretera que vimos. Creo que lo mejor hubiera sido ir cerca de un lago. Tiene que ser muy bonito ver las auroras reflejadas en el agua.  


Todas las figuras que aparecían en el cielo nos parecían espectaculares. Se movían de forma lenta, permitiéndonos así disfrutar mejor de la luz verde que inundaba el cielo.

Hacia tanto frió que no sacamos a Diego del coche. Se había quedado dormido y nos daba pena despertarlo. Ahora nos arrepentimos mucho. Estas fotografías están incompletas, falta nuestro peque. 

Aunque ya han pasado algunos años, esta historia logra arrancarnos una sonrisa todas y cada una de las veces que la recordamos. Sin duda fue una gran noche.


Gracias por visitar Trotajoches!!!

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